JESUS CAUTIVO
En la pequeña piedra, lentamente
se ha ido revelando su figura:
en las manos, la caña y la atadura,
la corona de espinas en la frente.
Muéstrese así en prodigio sorprendente,
del Cautivo Señor la imagen pura:
tosca expresión de sin igual ternura,
como, a la vez, de sufrimiento ingente.
En donde fue el guijarro recogido
el pueblo reverente le ha erigido
una capilla de severa arcada;
y en ella, con profundo arrobamiento,
se viene venerando aquel portento,
que crece en claridad cual la alborada.
Marco A. Carvajalino
(Biblioteca de autores ocañeros- tomo 15 pag.42)
ECCE HOMO
(Díptico)
I
Jesús cautivo en una piedra dura,
con tenaces cordeles maniatado,
un bofetón en la mejilla pura,
y en las sienes, de espinas coronado.
Tal es tu amor, ¡ oh Corazón Sagrado,
que te ofreces en vez de la creatura,
y mueres en la cruz, por su pecado,
en un acto divino de locura!
Cuando amanece el sol , tras la montaña,
y lanza su mensaje el campanario,
anunciando que llega un nuevo día,
abre cordial sus puertas tu santuario ,
para colmar de bienandanza a Ocaña,
en el Banquete de la Eucaristía.
II
Al contemplar tu Efigie nazarena,
transida de dolor, y en agonía,
el cuerpo atormentado, el alma en pena,
victima de la humana villanía.
Encuentra en ti al hombre escarnecido,
que sufre con acento lastimero:
al anciano, al enfermo, al prisionero,
al pobre, al torturado, al perseguido,
al que está circundado de dolores,
el alma saboreando sinsabores.
Esta es la condición, éste el destino,
de todo el que ha vendo a la existencia,
dotado de razón y de conciencia;
ni Tú fuiste excepción, con ser Divino!
Padre Luis A. García Lemus
(Libro de poemas "Voces del silencio")
ROSTROS
(Puebla No 31: Santo Domingo No 178)
"No tenia apariencia ni presencia;
le vimos y no tenia aspecto que pudiésemos estimar;
despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y
sabedor de dolencias" Is. 53, 2-3.
Señor,
ante mis ojos
tantos rostros he visto desfilar!
Rostros de niños,
por la pobreza golpeados:
Rostros,
tempranamente marchitos,
de niños explotados.
Rostros
de niños abandonados,
hambrientos de ternura,
que duermen bajo puentes.
Rostros dolientes
de los huérfanos
de una guerra entre hermanos.
Rostros
de jóvenes frustrados
por la locura
de la droga
Rostros, los mas desamparados,
de indígenas y afroamericanos,
porque mataron su cultura.
Rostros
de campesinos sin tierra;
Rostros de obreros mal pagados,
de hombres y mujeres sin trabajo.
Rostros de desechables
inundados de tristeza;
rostros humillados,
por la ostentación del lujo y la riqueza.
Rostros de ancianos solitarios;
rostros angustiados
por el suplicio del hambre.
Rostros, de los cuales
el engaño del político
borro toda ilusión.
Rostros sin esperanza
de enfermos incurables.
Rostros inexpresivos
de quienes perdieron la razón.
Rostros atormentados
de hombres y mujeres inocentes
en prisión.
Rostros adoloridos
de madres que perdieron
sus hijos, abatidos
por la violencia fratricida.
Rostros de viudas desoladas;
Rostros de mujeres,
vendidas o tratadas como esclavas.
Rostros agotados,
que acusan la fatiga,
de los emigrados
que no encuentran acogida.
Rostros envejecidos,
de los cuales huyó para siempre la sonrisa.
Rostros consumidos
por el tiempo y el duro laborar
de los que luchan por vivir,
de los que no se cansan de luchar;
rostros que no se olvidaron de reír,
rostros que se olvidaron de llorar.
En cada rostro, Señor,
he descubierto
el rostro de un hermano.
En cada rostro
he visto el tuyo, Jesús,
Jesús Cautivo,
tu mismo rostro maltratado,
herido y escupido,
a la cruz adherido,
a la rudeza de tu cruz,
la cruz de mi pecado,
la cruz de tu pasión,
ahora signo supremo del Amor,
de la paz, de la bonanza,
consuelo y única esperanza
del humano dolor.
Ocaña, Julio 12 de 1998,
Fiesta de Jesús Cautivo
Monseñor Leonel Pineda
(Desde el Corazón - Nueve Poemas II)
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